Spotify dice haber borrado 75 millones de canciones de IA: por qué esa cifra ya la habíamos escuchado
Durante una visita a Australia a mediados de julio, un ejecutivo de Spotify soltó una cifra que de inmediato recorrió medio internet tecnológico: la compañía había eliminado más de 75 millones de canciones generadas por inteligencia artificial de su catálogo. La declaración vino de Sam Duboff, responsable global de artistas, marketing y políticas de la plataforma, quien explicó que buena parte de esas pistas eran contenido "de bajo esfuerzo", subido en masa con el único propósito de engañar al algoritmo y quedarse con una parte de las regalías que deberían llegar a artistas reales.
El dato tiene todo lo necesario para volverse viral: un número enorme, un enemigo fácil de identificar (el "AI slop", como ya se conoce popularmente a este tipo de contenido) y una empresa dispuesta a presentarse como la que está poniendo orden. El problema es que, si uno se toma la molestia de revisar el historial de comunicados de Spotify, esa misma cifra, 75 millones, exactamente la misma, ya había sido anunciada por la compañía el 25 de septiembre de 2025, casi diez meses antes, en una rueda de prensa formal donde presentó su primera política integral contra el spam musical generado por IA.
Eso no convierte la declaración de Duboff en una mentira. Es perfectamente posible que ambas cifras describan periodos móviles de doce meses que, por pura coincidencia estadística, arrojen el mismo resultado redondo. Pero también es la clase de coincidencia que cualquier periodista con algo de oficio debería mirar con una ceja levantada, y es exactamente lo que vamos a hacer en este artículo: reconstruir qué hay detrás del número, por qué Spotify lo repite ahora, y qué dice todo esto sobre el verdadero estado del problema de la música hecha por máquinas.
Qué dijo realmente Sam Duboff en Australia
Según la cobertura local de la visita, Duboff fue bastante directo sobre el tipo de contenido que la plataforma persigue. Habló de "contenido de bajo esfuerzo, producido en masa, subido en masa", material que él describe como spam antes que como música con intención artística, y precisó que ese tipo de subidas fraudulentas es lo que suma los 75 millones de tracks retirados "en el último año". También compartió otro dato que ayuda a dimensionar el tamaño del problema: a Spotify llegan aproximadamente 100.000 canciones nuevas cada día, buena parte de ellas producidas total o parcialmente con herramientas de generación automática.
Ese volumen diario no es casual ni exagerado. Herramientas como Suno permiten escribir una frase describiendo un estilo musical y recibir, segundos después, una canción completa con letra, melodía e instrumentación, lista para subir a cualquier distribuidor digital. Google, por su parte, ofrece capacidades similares a través de su modelo Lyria, integrado en Gemini y disponible para cualquier usuario sin conocimientos musicales previos. Cuando la barrera de entrada para "componer" una canción se reduce a escribir un párrafo, no sorprende que la cantidad de material bruto que llega a las plataformas se haya disparado de forma exponencial en poco más de dos años.
Una cifra con fecha de nacimiento: septiembre de 2025
Vale la pena detenerse en el origen real de este número, porque ahí está la parte de la historia que casi nadie está contando. El 25 de septiembre de 2025, Spotify organizó una rueda de prensa encabezada por Charlie Hellman, entonces vicepresidente y responsable global de producto musical, y por el propio Sam Duboff, para presentar tres medidas concretas contra el uso malicioso de la IA: un filtro antispam reforzado capaz de detectar subidas masivas, pistas duplicadas y trucos de manipulación de metadatos; una política más estricta contra la suplantación de voz mediante deepfakes; y un nuevo estándar de la industria, desarrollado junto al consorcio DDEX, para declarar de forma clara en los créditos de cada canción en qué medida intervino la inteligencia artificial. En esa misma presentación, Spotify reveló por primera vez que había retirado más de 75 millones de pistas "spam" durante los doce meses anteriores.
Lo llamativo es que la cifra que Duboff repitió ahora en Australia, en julio de 2026, es idéntica, sin variación de un solo dígito, a la que la compañía dio en aquel anuncio original. Podría tratarse de una ventana móvil que efectivamente ha rondado ese número durante casi un año, algo posible si las eliminaciones y las nuevas subidas fraudulentas se mueven a un ritmo relativamente estable. Pero también es razonable preguntarse si Spotify simplemente está reciclando su estadística más contundente cada vez que necesita reforzar su imagen frente al público, sin ofrecer una actualización real del problema. La compañía no ha publicado, hasta donde hemos podido confirmar, un desglose más reciente que muestre cuántas pistas ha retirado específicamente entre septiembre de 2025 y julio de 2026.
El contexto que explica por qué Spotify se vio obligada a actuar
Para entender por qué Spotify eligió septiembre de 2025 para lanzar su primera política seria contra el "slop", hay que mirar dos frentes que estallaron casi al mismo tiempo. El primero fue el caso de The Velvet Sundown, una supuesta banda de rock psicodélico que apareció de la nada en junio de 2025, publicó dos álbumes completos en cuestión de semanas y acumuló más de un millón de oyentes mensuales antes de que usuarios de Reddit empezaran a notar que las fotos promocionales tenían ese brillo artificial tan característico de las imágenes generadas por IA. Tras semanas de especulación y negación pública por parte de sus supuestos representantes, la propia biografía del grupo en Spotify terminó admitiendo que se trataba de un "proyecto musical sintético", una producción íntegramente creada con herramientas de inteligencia artificial, incluida Suno, que sus creadores describieron como una "provocación artística".
El segundo frente fue más incómodo para la propia compañía. Meses antes de aquel anuncio, se supo que Daniel Ek, entonces consejero delegado de Spotify, había invertido, a través de su firma de capital de riesgo Prima Materia, cientos de millones de euros en Helsing, una empresa alemana que desarrolla inteligencia artificial para aplicaciones militares y de defensa, incluyendo tecnología de drones. La noticia generó un éxodo de artistas en señal de protesta: grupos como King Gizzard & the Lizard Wizard, Deerhoof, Xiu Xiu, Godspeed You! Black Emperor, Massive Attack y My Bloody Valentine retiraron su catálogo de la plataforma, algunos de ellos señalando directamente que no querían que las regalías generadas por su música terminaran financiando tecnología bélica. Massive Attack lo resumió en un comunicado donde habló de una carga moral que se sumaba al ya desgastado modelo económico del streaming para los artistas.
La combinación de ambos episodios, un escándalo de suplantación viral y una ola de bajas de artistas por motivos éticos, dejó a Spotify en una posición incómoda justo cuando la conversación pública sobre la IA en la música estaba en su punto más álgido. La política del 25 de septiembre llegó, en ese sentido, como una respuesta casi perfectamente calculada para recuperar algo de terreno narrativo.
La ironía que Spotify prefiere no subrayar
Aquí conviene hacer una pausa y señalar algo que rara vez aparece en la cobertura de este tema: Spotify combate el "slop" con una mano mientras con la otra sigue apostando fuerte por la inteligencia artificial en casi todas las áreas de su negocio. El propio Ek salió públicamente semanas después a pedir que se dejara de usar la palabra "slop" para describir la música generada por IA, defendiendo que existen usos legítimos de la tecnología en la producción musical. La compañía introdujo además una insignia llamada "Verified by Spotify" para distinguir a los creadores humanos de las cuentas gestionadas por IA, lanzó un asistente conversacional con inteligencia artificial dentro de la propia aplicación, firmó una alianza con ElevenLabs para producir audiolibros narrados por voces sintéticas y ha permitido que sellos discográficos autoricen el uso de herramientas de IA para crear remezclas y versiones oficiales que luego se venden en la plataforma como contenido legítimo.
Esa ambivalencia no es necesariamente contradictoria desde una lógica empresarial: a Spotify le conviene la IA que genera ingresos controlados y le estorba la IA que se los roba a través del fraude. Pero es una distinción sutil que probablemente se pierde para el oyente promedio, que solo percibe una plataforma que por momentos parece luchar contra el mismo fenómeno que en otros momentos celebra públicamente. Daniel Ek definió el asunto ante la BBC como una cuestión que se discutirá durante "muchos, muchos años", una forma elegante de admitir que la empresa todavía no tiene una postura completamente coherente al respecto.
Cómo funciona el fraude que sí le preocupa a la plataforma
Conviene aclarar algo que Duboff también intentó explicar en Australia: el problema central para Spotify no es que una IA componga música, sino la mecánica de fraude que ese contenido hace posible a una escala nunca vista. Un operador con acceso a un generador automático puede producir miles de pistas cortas, muchas veces de menos de treinta segundos, subirlas bajo decenas de perfiles distintos y usar redes de bots o granjas de reproducciones para activar el pago mínimo por escucha en cada una de ellas. Como el pago promedio por reproducción en la industria del streaming ronda apenas entre 0,003 y 0,005 dólares, la única forma de que este tipo de operación resulte rentable es multiplicar el volumen hasta el infinito, algo que solo la generación automática de contenido permite hacer sin apenas costo marginal.
Deezer, el competidor francés de Spotify, ha sido especialmente transparente con sus propios datos y ofrece una fotografía útil de la magnitud real del problema. La compañía reportó que, del total de pistas completamente generadas por IA en su catálogo, hasta un 85% de las reproducciones correspondían a actividad fraudulenta, no a oyentes reales. Al mismo tiempo, Deezer calculó que ese contenido representaba cerca de un 28% de todas las subidas diarias en 2025, una proporción que, según estimaciones posteriores de la industria basadas en los mismos datos, habría escalado hasta situarse entre el 30% y el 44% de las subidas hacia mediados de 2026. Es decir, casi la mitad de todo lo que llega hoy a un servicio de streaming pudo haber sido generado, en mayor o menor medida, por una máquina.
La batalla legal de fondo: Suno, Udio y las discográficas
Ninguna de estas políticas de plataforma existe en el vacío. Desde junio de 2024, las tres grandes discográficas, Universal Music Group, Sony Music y Warner Music, mantienen demandas coordinadas por la RIAA contra Suno y Udio, las dos herramientas de generación musical más utilizadas del momento, por presunta infracción masiva de derechos de autor durante el entrenamiento de sus modelos. Las demandas, que en su planteamiento original hablaban de daños de hasta 500 millones de dólares por caso, acusan a ambas empresas de haber copiado sin licencia catálogos completos de grabaciones protegidas para enseñar a sus sistemas a imitar estilos, voces e instrumentaciones reconocibles.
El litigio ha ido cediendo terreno a los acuerdos comerciales. Warner Music llegó a un acuerdo con Suno en noviembre de 2025, que incluyó una licencia formal para el uso futuro de su catálogo; Universal Music hizo lo propio con Udio un mes antes, asegurando un esquema de regalías por cada generación que utiliza música bajo su control, con pagos que according a distintos reportes rondan entre 0,002 y 0,005 dólares por pista generada. Warner también cerró su disputa con Udio poco después. Sony Music, en cambio, sigue siendo la única de las tres grandes que no ha llegado a ningún acuerdo y continúa litigando contra ambas plataformas, con una audiencia clave por juicio sumario prevista para este mismo mes de julio de 2026 en el caso contra Suno. A ese frente se suman demandas colectivas de artistas independientes, que argumentan que los acuerdos con los grandes sellos protegen a las discográficas pero dejan fuera a miles de músicos sin representación legal ni contratos que negociar.
Lo que otras plataformas están haciendo de forma distinta
Spotify no es la única compañía intentando ponerle freno al problema, y comparar enfoques ayuda a entender qué tan agresiva es realmente su estrategia. Deezer, además de publicar sus propias cifras, decidió excluir las pistas identificadas como generadas por IA de sus listas editoriales y de sus recomendaciones algorítmicas, sin necesariamente eliminarlas del catálogo. TIDAL anunció en junio de 2026 una política para etiquetar el contenido totalmente generado por IA y directamente excluirlo del reparto de regalías, un paso más severo que el de Spotify, que sigue permitiendo que ese contenido gane dinero siempre que no se clasifique como spam. Qobuz, el servicio de alta fidelidad, presentó en febrero de 2026 su propio sistema de detección automática. Apple Music, por su parte, optó por un modelo más pasivo: en marzo de 2026 lanzó un sistema de etiquetado que depende de que los propios sellos y distribuidores declaren voluntariamente si una pista fue creada con IA, sin verificación activa por parte de la plataforma.
Ese contraste deja a Spotify en un punto intermedio, más proactivo que Apple Music pero menos estricto que TIDAL en materia de regalías. La decisión de la compañía de seguir pagando por contenido de IA "legítimo", siempre que no encaje en su definición de spam, es también la que le permite mantener buenas relaciones con los sellos discográficos que ya están cerrando acuerdos de licencia con Suno y Udio y que, por tanto, tienen interés directo en que ese contenido pueda generar ingresos dentro del ecosistema del streaming.
Qué significa todo esto para quien simplemente escucha música
Para el usuario de a pie, el efecto más tangible de este problema rara vez se percibe de forma directa. Es difícil que alguien note, en medio de una lista de reproducción automática, que dos o tres canciones fueron generadas por una IA en lugar de compuestas por una persona, sobre todo en géneros instrumentales, ambientales o de fondo, donde la identidad del artista importa menos que el sonido en sí mismo. El impacto real se siente más bien de forma indirecta, en la calidad general de las recomendaciones algorítmicas, que pueden verse contaminadas por contenido diseñado únicamente para parecer relevante ante el sistema, y en la economía de los artistas reales, cuyas regalías se diluyen cada vez que una operación fraudulenta logra colarse en el reparto antes de ser detectada.
Quien quiera tener algo más de control sobre lo que escucha puede prestar atención a señales relativamente sencillas: perfiles de artista sin biografía, sin fotos verificables o sin presencia en redes sociales fuera de la propia plataforma; discografías que crecen a un ritmo imposible para un ser humano, con álbumes completos publicados cada pocas semanas; y un sonido que, aunque técnicamente correcto, resulta genérico o intercambiable entre canciones. Ninguna de estas señales es una prueba definitiva, pero combinadas suelen ser un buen indicio. Spotify también ha empezado a incorporar el estándar DDEX de divulgación en los créditos de algunas canciones, aunque su adopción todavía depende de que cada sello o distribuidor decida sumarse voluntariamente, así que no conviene esperar que esté disponible en todo el catálogo a corto plazo.
Un balance necesario: limpieza real, pero con las cuentas incompletas
Sería injusto reducir todo este asunto a una simple maniobra de relaciones públicas. Las medidas que Spotify introdujo en septiembre de 2025, el filtro antispam, la política de suplantación y el estándar de divulgación con DDEX, son pasos concretos que otras plataformas más pequeñas ni siquiera se han planteado, y la cifra de 75 millones de pistas, sea o no exactamente la misma que hace diez meses, describe un volumen de limpieza que no es menor en ningún escenario. El problema no es que la cifra sea falsa, sino que la compañía la sigue usando como si fuera una noticia nueva, sin ofrecer el tipo de transparencia periódica y verificable que permitiría a periodistas, artistas e investigadores independientes evaluar si el ritmo de detección está realmente a la altura del ritmo de creación.
Mientras tanto, la matemática básica del problema sigue jugando en contra de cualquier plataforma: si cerca de la mitad de las subidas diarias tienen algún grado de intervención de IA, y las herramientas para generar ese contenido son cada vez más accesibles, gratuitas y rápidas, ninguna cifra de eliminaciones, por grande que sea, puede presentarse como una solución definitiva. Es, en el mejor de los casos, una carrera constante entre quienes intentan colar contenido fraudulento y quienes intentan filtrarlo, sin que ninguno de los dos bandos parezca cerca de ganarla de forma permanente.
Conclusión
Lo que Sam Duboff dijo en Australia no es, estrictamente, una mentira ni una noticia inventada: Spotify probablemente sí sigue retirando decenas de millones de pistas fraudulentas cada año. Pero repetir la misma cifra redonda casi diez meses después de haberla anunciado por primera vez, sin ofrecer un desglose actualizado, dice tanto sobre el estado real del problema como sobre la forma en que las grandes plataformas tecnológicas gestionan su comunicación pública en tiempos de crisis reputacional. Detrás del número hay una historia más rica y más incómoda: un escándalo de suplantación viral, un boicot de artistas por motivos ajenos a la música, una batalla legal multimillonaria que todavía no termina de resolverse y una compañía que, mientras combate el spam con una mano, sigue apostando por la inteligencia artificial con la otra. Para el oyente, la lección práctica es sencilla: ninguna plataforma de streaming, Spotify incluida, puede garantizar hoy un catálogo completamente libre de contenido sintético, y la mejor defensa sigue siendo la curiosidad de quien decide prestar un poco más de atención a lo que reproduce.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas canciones de IA ha eliminado Spotify realmente? La compañía afirma haber retirado más de 75 millones de pistas consideradas spam o de bajo esfuerzo generado por IA. Esa cifra fue anunciada originalmente en septiembre de 2025 y repetida, sin variación, en julio de 2026.
¿Spotify prohíbe la música generada por inteligencia artificial? No. Spotify permite música creada con herramientas de IA siempre que el creador tenga los derechos comerciales correspondientes, no suplante a un artista real sin autorización y no forme parte de una operación de subida masiva diseñada para manipular el algoritmo o las regalías.
¿Qué fue el caso de The Velvet Sundown? Fue una supuesta banda de rock que se volvió viral en Spotify en junio de 2025 y que, tras semanas de especulación, admitió ser un proyecto musical generado íntegramente con inteligencia artificial, incluida la herramienta Suno.
¿Por qué Universal, Sony y Warner demandaron a Suno y Udio? Las tres discográficas, a través de la RIAA, acusaron a ambas plataformas de generación musical de haber utilizado grabaciones protegidas sin licencia para entrenar sus modelos de IA. Warner y Universal ya llegaron a acuerdos de licencia; Sony continúa litigando.
¿Qué porcentaje de la música que se sube a streaming está hecha por IA? Distintas estimaciones basadas en datos de Deezer sitúan esa proporción entre el 30% y el 44% de las subidas diarias hacia mediados de 2026, aunque solo una fracción mínima de esas pistas llega a generar escuchas reales por parte de oyentes humanos.
¿Cómo saber si una canción en Spotify fue generada por IA? No existe todavía un etiquetado obligatorio y universal. Algunas señales de alerta incluyen perfiles de artista sin biografía verificable, catálogos que crecen a un ritmo imposible para una persona y un sonido genérico que se repite entre canciones distintas.
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